“En el equilibrio entre las diferentes especies que conforman la biodiversidad está la clave de un ecosistema funcionalmente saludable”

El director del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Canarias, Manuel Nogales, ha estado recientemente junto a su equipo de investigadores trabajando en un proyecto sobre las relaciones que se establecen en las islas Galápagos (Ecuador) entre los diferentes actores que conviven en un ecosistema.

Aunque hay muchas personas que cuando oyen la palabra biodiversidad, les sugiere al conjunto de animales y plantas de un determinado territorio, en palabras del Dr. Jordi Bascompte, la denominada “arquitectura de la biodiversidad” incluye a un entramado complejo de especies en la que todos los “actores biológicos” interaccionan, realizando un papel ecológico fundamental como para que los ecosistemas funcionen adecuadamente. Por tanto, el mundo de las interacciones ecológicas es parte de la propia biodiversidad.

En este archipiélago, el grupo de trabajo ha aplicado técnicas y métodos de estudio usados en Canarias, metodología que han puesto a punto en la comunidad autónoma y compartido con Galápagos en dos artículos publicado en las revistas científicas: Global Ecology and Biogeography y Ecology.

-¿En qué consiste este proyecto?
-Hemos estado trabajando en cómo están organizadas las interacciones ecológicas “mutualistas” en las islas Galápagos; es decir, en cómo se relacionan las diferentes especies vegetales y animales para garantizar la polinización y dispersión de las semillas de muchas plantas que producen flores. En Galápagos, el proceso de la diseminación de semillas se lleva a cabo mediante un sistema coordinado de aves, iguanas, tortugas gigantes e iguanas, que son piezas clave en el mantenimiento del ecosistema. Aunque ya en Canarias habíamos puesto a punto la metodología para este estudio, aún en muchos territorios insulares este objetivo no ha sido abordado.

-¿Cuál es la principal diferencia a nivel de las interacciones planta-animal entre Galápagos y Canarias?
-Los paralelismos entre ambos archipiélagos son escasos, ya que las Galápagos son islas que apenas superan los 1.700 metros de altitud, mientras en Canarias hablamos de 3.700 metros. Esto significa que mientras en Galápagos los ecosistemas están representados –grosso modo- por dos grandes hábitats: seco y húmedo; en Canarias tenemos 5 grandes hábitats distribuidos según la altitud: matorral costero, bosque termófilo, laurisilva, pinar y matorral de alta montaña. Según este modelo general, mientras que estas interacciones se basan en “paquetes geográficos de especies” que viven en las distintas islas o grupos de islas en Galápagos, en Canarias los podríamos nominar como “paquetes altitudinales de especies” ya que la altitud y los hábitats condicionan en gran medida a estos grupos de especies que interaccionan.

Con respecto a los protagonistas en la dispersión de semillas, en Galápagos la realizan los lagartos y las aves, e intervienen especies que no existen actualmente en Canarias, como las tortugas gigantes u otras como el caso de las iguanas. Otra de las grandes diferencias con respecto a la polinización de las flores radica en el hecho de que las islas ecuatorianas intervienen de forma activa los pájaros, mientras que en Canarias lo hacen en menor medida, y son los insectos los que juegan un papel más importante.

-¿Y las semejanzas?
-La extensión de ambos archipiélagos es muy similar, aunque el tamaño de las islas es bien diferente. Galápagos presenta una gran isla, Isabela, que posee una extensión que es tres veces superior a la mayor de Canarias (Tenerife). En los dos archipiélagos existen ecosistemas muy frágiles a los cambios ambientales producidos por la actividad humana, participando en estas interacciones numerosas especies introducidas, tanto vegetales como animales. Es importante dejar claro que tan importante es que gran parte de las semillas salgan adelante, como que parte de esta “cosecha anual” sea saqueada por algunas especies depredadoras de semillas, ya que la demografía de las plantas es fundamental para el equilibrio de los ecosistemas. Si esto no fuera así, todo indica que se podría producir una excesiva competencia por el suelo y sus recursos.

-¿Cómo se relacionan estas especies para lograr ese equilibrio?
-Para responder a esta pregunta es básico entender un concepto nominado como “resiliencia ecológica” (capacidad de “resistencia ecológica”ante cambios ambientales adversos). Se trata en pocas palabras que mientras que unas plantas producen frutos y semillas que son dispersadas por varias especies de dispersores (por ejemplo, aves o lagartos), otras dependen un único dispersor para diseminar sus semillas. Como podrá entenderse, este segundo grupo de plantas, con una menor resiliencia, está más expuesto a perder la efectividad de su dispersión si en un hipotético escenario de extinción de este único dispersor; y encima a veces este dispersar puede actuar como único polinizador también. Por el contrario, el primer grupo de especies tiene una mayor resiliencia ya que hay varios agentes dispersantes que pueden hacer este papel ecológico, y si se extingue alguno de ellos, pues siempre tienen otros que ejercen este papel, aunque con mayor o menor eficiencia ecológicas para estas plantas.

A este respecto, recientemente nos han aceptado un artículo que estudia este riesgo de las plantas que tienen un único polinizador y dispersor, o sea que se la juegan a un único agente diseminador de polen y de semillas. Este doble mutualismo genera a su voz un doble riesgo en caso de extinción del único agente dispersante.

-¿Los endemismos canarios se enfrentan a riesgos y amenazas derivadas de esta intrusión en el ecosistema?
-Todo lo que ocurre en la naturaleza es parte de un puzzle en el que hay agentes dispersantes que facilitan la dispersión efectiva, mientras que otros agentes evitan que no todas las semillas salgan adelante, y este equilibrio de fuerzas en las interacciones hacen que los ecosistemas funcionen saludablemente desde el punto de vista demográfico de las plantas.

También existen en la naturaleza insular otros riesgos añadidos, como la presencia de especies exóticas invasoras (traídas por el ser humano) y las alteraciones que causan en las interacciones ecológicas. Hemos de recordar que los ecosistema insulares no han evolucionado con estas y su presencia a menudo altera, tanto cualitativamente como cuantitativamente, el delicado equilibrio de estas interacciones ecológicas que tan importantes son para el buen funcionamiento y mantenimiento de la biodiversidad en islas oceánicas.

Por último, me gustaría comentar que cuando estudias el entramado de interacciones que se produce en la naturaleza es cuando vas entendiendo su funcionamiento es cuando reparas en la tremenda complejidad de interacciones a que está sometido este delicado equilibrio ecológico que al fin y a la postre es parte de la biodiversidad funcional de los ecosistemas.

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