Las semillas, viajeras del espacio-tiempo

De estructura sencilla y aparente fragilidad, las semillas son mucho más de lo que parecen. Capaces de viajar miles de kilómetros y permanecer en latencia por cientos de años, las semillas son viajeras del espacio-tiempo.

Así lo ha defendido en las jornadas ‘Orígenes, diversidad y conservación de la Flora Canaria’ que se celebran en estos días en la Casa de Colón, el investigador del Jardín Botánico «Viera y Clavijo» – Unidad Asociada de I+D+i al CSIC y también miembro del CSIC, Miguel Ángel González, que ha invitado a los asistentes a un viaje hasta el secreto de la vida de la flora canaria.

Una semilla puede durar más de 800 años y renacer tras 8 siglos de latencia. Está demostrado. Existen como ejemplos un loto sagrado que tras 1.300 años logró germinar, una palmera datilera tras 2.000 años y el más impresionante, “una planta de Silene Stenophylla cuyas semillas fueron encontradas a 38 metros bajo el suelo en una madriguera de ardilla en Siberia, y germinó tras 32.000 años”.

Con la exigente tarea de multiplicar y perpetuar la especie y transmitir información genética de una generación a otra, la estructura sencilla de las semillas esconde una inmensa variedad de formas, tamaños y colores que vienen determinados por la forma de dispersión, el proceso de germinación, o el hábitat, entre otras cuestiones. Es esta gran biodiversidad la que permite que recorran miles de kilómetros y permanezcan “dormidas” cientos de años.

En estos “paquetes” de vida, está “la información genética completa y necesaria para generar una nueva planta, colonizar nuevos ambientes y permitir la evolución de la especie”, ha explicado González. La preservación de la variación genética contenida en las semillas en Bancos de Germoplasma es “esencial” para la conservación ex situ de la biodiversidad frente a los cambios ambientales actuales.

No siempre se entendió la importancia de las semillas, hasta que hace miles de años llegó la agricultura. “La semilla es la base de la civilización como la conocemos actualmente”, recuerda el investigador. Hay semillas de 1 milímetros o la del Lodoicea maldivica, de hasta los 20 kilos de peso. Su tamaño, forma y color no es casual, es la manera que tienen de sobrevivir hasta convertirse en vida. Hay más de 370.000 especies de plantas con semillas, que aprovechan todo tipo de vehículos para moverse. Desde aprovechar el agua de los barrancos, por gravedad, o ejemplos como el ‘pepino del diablo’ que “estalla”. También a través de animales, aprovechándose de su movimiento o sobreviviendo a la ingesta con una adaptabilidad excepcional.

“¿Cómo capturamos la biodiversidad?”, se pregunta González, pues atesorando y conservando entre 10.000 y 250 semillas de cada especie, de diferentes individuos, áreas y de acuerdo a los límites seguros de recolección.

Bancos de semilla: garantía de supervivencia

Cómo conservarlas también es un reto. En este sentido, los bancos de semillas son la garantía de supervivencia, el arca de Noé de la biodiversidad vegetal y resultado de un trabajo exhaustivo y meticuloso de laboratorio. La temperatura y la humedad, especialmente esta segunda, es la clave de esta conservación.

Del banco de semillas del Jardín Canario “más del 90% funcionan” lo que asegura que “las condiciones que usamos son las adecuadas” y un respiro para Canarias y medio planeta, asegurada del riesgo de extinción gracias a una biblioteca vegetal de vida en espera.

 

 

 

 

 

 

 

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